lunes, 10 de junio de 2013

Un puntico en la boca…

Si hablas malo, si no hablas peor. ¿Qué hacer? He ahí la cuestión.

No hay libertad, para nada.

Quieres controlar demasiadas cosas, lo que hago, lo que pienso, lo que siento, etc… No quieras controlar tantas cosas, pues no te pertenece a ti decidir que tengo que hacer con cada una de ellas. Al final puedes quedarte sin nada a lo que intentar controlar. 

Ya no dispongo ni siquiera de la decisión de quien pertenece a mi círculo de amigos, crees que tu eres el encargado de decidirlo. No tengo ni siquiera la posibilidad de hablar con mis amigos. 

Soy de esas personas que cuanto más exijas menos vas a recibir y créeme, te estas pasando exigiéndome. Las personas necesitan respirar y no que las lleven ahogándose con un collar estrangulador en el cuello. Al final, el perro acabara mordiéndote. 

Cuantas cosas no diré nunca, cuantas cosas me callaré, cuantas veces has hablado más fuerte y más rápido para ni tan siquiera dejarme decir lo que pienso, por todo esto y mucho más voy a cerrar la cremallera. Te vas a quedar sin saber muchas cosas porque tu misma te has buscado que no quiera decirte nada. 

Cuando escribo en las redes cosas que siento tienes que venir a preguntar: ¿y esto por que?¿y esto a que viene?¿y esto para quien va? Ahí si quieres saber ¿no?

Ahora vendrás corriendo a preguntarme que porque escribo esto o lo otro como haces siempre. Ahora te pregunto yo, ¿acaso necesitas la respuesta? Venga, piensa un poco. 

Vive y deja vivir.